
Pero en el fondo de mi alma, necesitaba seguir viajando, seguir conduciendo. Y a pesar de nuestras trifulcas, a pesar de sus protestas y caras largas y del peligro y la incertidumbre de todo aquello, a pesar de todo aquello, me sentía en el paraíso. Un paraíso cuyos cielos eran de color de las llamas del infierno, pero un paraíso al fin y al cabo.
No comments:
Post a Comment